Acúfenos: por qué tu cerebro crea un pitido y cómo calmarlo
Es de noche, apagas la luz y cuando la casa se queda en silencio aparece: un pitido fino, constante, que nadie más oye y que tú no consigues dejar de oír.
Suele hacerse más fuerte en la calma, como si esperara a que todo se callara para hacer acto de presencia. Aunque, a veces, hay días en los que ni el ruido de la calle lo tapa.
A esto lo denominamos acúfeno, o tinnitus, y le pasa a mucha más gente de la que crees: según un metaanálisis de 2022 que reunió estudios de todo el mundo, lo tiene alrededor del 14 % de los adultos. Una de cada siete personas [1].
¿Qué son los acúfenos y por qué aparecen?
Pero ¿de dónde surge ese pitido, zumbido, soplido o chasquido? ¿Por qué se presenta en varias formas y puede ser constante o intermitente? En un oído, en los dos o «dentro de la cabeza». Las formas cambian, pero todas tienen algo en común que cuesta entender en un primer momento: ese sonido no es real.
Te preguntarás: ¿cómo que no es real, si lo estoy oyendo?
Ese ruido no viene de fuera. Es una percepción: es tu cerebro quien lo está creando. Las neuronas de la vía auditiva, o los propios receptores del oído, se quedan sobreactivados y siguen enviando señales aun cuando lo que escuchamos es el silencio. Pasa algo parecido con la vista. ¿Te ha pasado alguna vez ir al baño de madrugada, encender la luz que te da de lleno en los ojos y, al volver a apagarla, seguir viendo chiribitas en la oscuridad? Mantiene la misma lógica. Los receptores quedaron sobreestimulados y el cerebro interpreta esas señales como si fueran reales.
A partir de ahí, el cerebro decide cuánta atención le presta y termina apagándolo o dejándolo activo. Si le unimos la cualidad innata nuestra de escuchar la amenaza antes que la calma: el estrés, el cansancio o el miedo a que eso no sea normal hacen que, sin darnos cuenta, le subamos el volumen.
Por eso, para entenderlos, nos hacemos dos preguntas que van de la mano.
Desde la ciencia: ¿por qué se quedan hiperestimuladas estas vías?
Desde la psicosomática: ¿para qué inventa mi cerebro un sonido?
¿Cuándo hay que ir al médico?
La buena noticia primero: la mayoría de las veces el acúfeno no se debe a otra enfermedad y, a veces, desaparece solo [2]. Es frecuente que vaya unido a una pérdida de audición, aunque sea leve y no la hayas notado, así que una revisión del oído siempre es un buen punto de partida.
Si junto al pitido pierdes audición de golpe, si aparecen síntomas neurológicos bruscos (pérdida de fuerza, dificultad para hablar, vértigo intenso) o si el sonido late al ritmo de tu pulso [2], entonces sí toca ir al médico cuanto antes.
Fuera de eso, hay mucho que podemos hacer:
El eje psicosomático: cuando cuerpo y emoción se alimentan el uno al otro
En Cómo la mente mueve los hilos contamos que el cuerpo se sostiene sobre dos ejes. El psicosomático, une el plano físico con el emocional. Y en los acúfenos parece tener dos componentes muy claros: un sistema nervioso en alerta y un cuerpo que lo acompaña y lo mantiene, la pescadilla que se muerde la cola.
Plano físico: el oído, el cuello y la mandíbula. Haz una prueba. Aprieta los dientes con fuerza, adelanta la mandíbula o empuja la cabeza contra tu mano. ¿Cambia el pitido? Si es así, tu acúfeno tiene un componente somático (corporal), y eso es una buena noticia, porque te da una puerta de entrada. Una revisión de 2016 reunió seis estudios en los que tratar el cuello (ejercicios, movilización, puntos gatillo) o la mandíbula (férulas, ejercicios, descompresión) se asoció con una disminución de la intensidad del acúfeno [3]. Movilizar y estirar el cuello, la mandíbula y la garganta es algo que puedes empezar hoy mismo, en casa, y que un buen fisioterapeuta puede afinar contigo. Y si hay pérdida de audición, valorar unos audífonos puede devolver la calidad de vida [2].
Quizás no hayas escuchado el pitido, pero en muchas ocasiones, deportistas y personas que realizan un entrenamiento de alta intensidad o de pesas refieren un bloqueo, un tapón o una sensación molesta en el oído. Es el ejemplo más claro de que la tensión muscular afecta al funcionamiento del oído. Por suerte, al parar y descansar, esa sensación es transitoria y desaparece. Pero ¿y si la tensión es continua?
Plano emocional: la alarma que no se apaga. Aquí está, sorprendentemente, el abordaje con más respaldo científico. La terapia cognitivo-conductual no borra el sonido, pero consigue que moleste menos: una revisión Cochrane de 2020, con 28 estudios y 2.733 personas, encontró que reduce su impacto en la vida diaria en unos 11 puntos de la escala con que se mide, por encima de los 7 que ya se consideran una mejora apreciable [4].
A nosotros nos gusta más la psicosomática, que da un paso más allá. No se trata solo de acostumbrarse al pitido, sino de entender qué alerta está encendida y qué nos quiere decir el cuerpo.
Desde las técnicas más cercanas a la neurología aplicada se propone rebajar los sistemas de alarma para disminuir la carga del sistema nervioso; y si ciertas técnicas de estimulación del sistema somatosensorial pueden incidir desde el cuerpo, el plano emocional pregunta cuál es exactamente esa alarma.
La psicosomática propone una lectura muy práctica, sencilla y lógica: el acúfeno es un sonido que tapa un silencio que no puedo, o no quiero, escuchar. O por el lado contrario: el sonido que me gustaría oír y nunca llega. El «te quiero» de un padre. El «lo has hecho genial» que se quedó sin decir. Palabras que duele no oír y que el cerebro cubre con otro sonido por encima.
¿Hay algo que llevas tiempo sin querer escuchar? ¿O algo que llevas tiempo esperando oír?
Las dos caras se tocan. Una mandíbula que aprieta y una garganta tensa son el reflejo de un estrés que se alimenta solo: el cuerpo carga a la emoción y la emoción carga al cuerpo. Como en una olla exprés, el pitido es el pitorro que silba para avisarte de que la presión está a punto de estallar. Por eso en CORE decimos que el plano físico se desbloquea con el emocional, y el emocional con el físico. Mover la mandíbula y mirar la emoción no son dos caminos: son los dos extremos del mismo eje.
El eje nutrinérgico: química, energía y un nervio que llega a la oreja
El segundo eje une el plano químico y el energético: todo lo que nutre al sistema y le da recursos para funcionar.
Plano químico. Llama la atención que, con todo lo que ha avanzado la farmacología, hoy no exista ningún medicamento aprobado específicamente para los acúfenos. La guía clínica británica NICE incluso desaconseja la betahistina, un fármaco muy recetado para el vértigo, porque en los acúfenos no ha mostrado beneficio [2]. Eso nos devuelve a la pregunta de Principios y leyes del sistema DLC-CP: ¿en qué terreno vive este sistema nervioso sobreactivado? ¿Cómo duermes, cómo comes, cuánta inflamación y cuánto estrés arrastras?
¿Y qué tiene que ver la química con la energía? Son los dos sistemas de nutrición del cuerpo, y la neurología nos da un puente precioso entre ellos: el nervio vago. Es el gran nervio del descanso, la digestión y la reparación, el que nos saca del modo alarma. Y tiene una pequeña rama que llega a la oreja, a la concha y al conducto auditivo (rama auricular de Arnold).
Hoy se investiga mucho la estimulación del vago a través de la oreja, también en los acúfenos. En un estudio con 171 personas con acúfenos y estrés, alrededor del 75 % tenía el sistema de alarma (el simpático) más activo de lo normal, y la estimulación por la oreja desplazó hacia el modo descanso la variabilidad del pulso en cerca del 80 %; el estrés y la discapacidad por el acúfeno bajaron con el tratamiento [7]. Otros estudios con resonancia han visto que estimular la oreja calma zonas auditivas y emocionales del cerebro relacionadas con el acúfeno [7]. Es un campo joven, con estudios todavía pequeños, pero apunta en una dirección muy clara.
Plano energético. La medicina china lleva siglos tratando los acúfenos con acupuntura, muchas veces con puntos alrededor de la oreja, y la investigación le va dando la razón: una revisión de 2022 reunió 14 revisiones sistemáticas y once concluían que la acupuntura era eficaz [5]. El reto que plantean sus autores es que los próximos ensayos, visto los buenos resultados, sean más rigurosos para que este abordaje gane peso.
Dentro de esta idea de unidad, la medicina china relaciona cada órgano con un sentido, en este caso el oído es el reflejo del riñón a nivel energético (no con un problema renal físico). Por eso combina puntos locales con puntos lejanos como Taixi (KI3 / R3), junto al tobillo interno. Una revisión de 2024 de la Universidad Kyung Hee recopiló 106 estudios y nos deja la pista de los puntos más usados [6]:
· Yifeng (TE17 / SJ17), detrás del lóbulo de la oreja.
· Tinghui (GB2 / VB2), delante de la oreja, a la altura de la parte baja del trago.
· Tinggong (SI19 / ID19), delante del trago.
· Ermen (TE21 / SJ21), delante de la oreja, por encima del trago.
· Zhongzhu (TE3 / SJ3), en el dorso de la mano.
La pauta más repetida: entre 10 y 19 sesiones a lo largo de tres a seis semanas, de unos 30 minutos.
Las agujas son cosa de un profesional. Pero esos mismos puntos son tuyos para cuidarte: con presión suave de las yemas de los dedos (digitopuntura) o con la vibración de un diapasón puede ser formas más fáciles de acceder a ellos. La acupuntura trabaja alrededor de la oreja; la neurología del vago, dentro de ella. Dos tradiciones con lenguajes distintos, mirando al mismo sitio.
La mirada de CORE: ¿qué está escuchando tu cuerpo?
Los dos ejes se cruzan en un punto: el sistema nervioso, que recibe la información de los cuatro planos y decide qué hacer con ella. En los acúfenos ese cruce está a la vista. El sonido nace en la vía auditiva (físico), se amplifica con la alerta (emocional), depende del terreno en el que vive el sistema nervioso (químico) y la medicina china lo lee como un desequilibrio energético del riñón (energético).
En el segundo bloque de nuestra formación dedicamos un módulo entero al universo riñón–vejiga, que la tradición china asocia al miedo: «Del miedo al dolor». El miedo al perder referentes y referencias, al vacío absoluto, a un sentimiento de derrumbamiento existencial: se desmorona lo que nos sostiene. En un plano más cotidiano, el miedo a que el ruido vaya a más, es justo lo que más lo amplifica.
¿Y si el oído, como el riñón, estuviera avisando de una alarma antigua que pide ser escuchada?
Por eso este sistema te invita a actuar con diferentes técnicas y analizar la situación desde diferentes planos. Si el plano físico está bloqueado, ¿qué le pasa al plano emocional? Si lo está el químico, ¿qué pasó con el energético? Cada abordaje tiene su sitio, y juntos llegan donde ninguno llega por sí solo.
Preguntas frecuentes
¿Los acúfenos se curan? A veces desaparecen solos. Cuando se quedan, el objetivo es que dejen de mandar en tu día a día, y combinar el trabajo del cuerpo, la emoción y la energía da muchas más opciones que cualquiera por separado.
¿Funciona la acupuntura para los acúfenos? La mayoría de las revisiones encuentran resultados favorables [5]. Lo ideal es hacerla con un profesional acreditado y acompañarla del resto del trabajo.
¿Qué puedo hacer yo en casa? Movilizar y estirar cuello y mandíbula, cuidar el sueño, respirar despacio para bajar la alarma y estimular los puntos de la oreja con los dedos o con un diapasón.
Fuentes
- [1] Jarach CM, et al. Global prevalence and incidence of tinnitus: a systematic review and meta-analysis. JAMA Neurology, 2022.
- [2] NICE. Tinnitus: assessment and management (NG155), 2020. Ver fuente
- [3] Michiels S, et al. The effect of physical therapy treatment in patients with subjective tinnitus: a systematic review. Frontiers in Neuroscience, 2016. Ver fuente
- [4] Fuller T, et al. Cognitive behavioural therapy for tinnitus. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2020. Ver fuente
- [5] Xu X, et al. Effects of acupuncture on the outcome of tinnitus: an overview of systematic reviews. Frontiers in Neurology, 2022. Ver fuente
- [6] Revisión de alcance sobre protocolos de acupuntura para el tinnitus, Universidad Kyung Hee, 2024. Ver fuente
- [7] Wu Q, et al. Current status of transcutaneous auricular vagus nerve stimulation for tinnitus: a narrative review of modern research. Frontiers in Neuroscience, 2024 (recoge, entre otros, Ylikoski et al., 2020, y Yakunina et al., 2018). Ver fuente
Artículo elaborado con ayuda de IA y revisado por el equipo de CORE.