¿Hacer deporte por la noche quita el sueño? Lo que dicen los estudios
El podcast de este artículo está en camino. Mientras tanto, te lo contamos por escrito.
Entrenar por la tarde-noche y dormir bien: lo que importa no es tanto la hora como la intensidad y cómo llegas a la cama.
Son las nueve y media de la noche. Por fin has salido del trabajo, has dejado la cena medio hecha y tienes las zapatillas en la mano. Y entonces aparece esa vocecita: si corres ahora, luego no vas a pegar ojo.
¿Te suena? A mí me ha frenado más de una vez. Es uno de esos consejos que hemos oído tantas veces que ya ni nos preguntamos de dónde sale.
Te adelanto que la vocecita acierta a medias. Y la mitad en la que acierta tiene una explicación preciosa, que pasa por la temperatura, por una hormona con reloj propio y por la luz de tu salón. Pero vamos por partes.
¿Es malo hacer deporte por la noche?
En 2019, un equipo de Zúrich reunió 23 estudios en los que personas sanas hacían ejercicio por la tarde-noche y luego dormían en el laboratorio con sensores en la cabeza. Esperaban encontrar lo de siempre: el ejercicio te activa y el sueño se resiente.
Pues no. En conjunto, quienes entrenaban por la noche dormían igual o incluso un poco mejor, con algo más de sueño profundo. Los propios autores lo dijeron sin rodeos: los datos no apoyan que el ejercicio vespertino perjudique el sueño.
Este año, otro grupo de Francia, Estados Unidos y Reino Unido comparó directamente mañana y noche en 25 trabajos, 18 de ellos ensayos con reparto al azar. No encontraron una ventaja clara de la mañana en la mayoría de las medidas del sueño. Su consejo práctico: si el ejercicio no es vigoroso, elige la hora que te permita mantenerlo.
¿Barra libre, entonces? Espera. En los dos trabajos asomaba el mismo matiz: los problemas aparecían cuando el ejercicio era muy intenso y acababa muy cerca de la almohada.
¿Qué le pasa a tu cuerpo si entrenas fuerte justo antes de dormir?
Aquí entra el estudio que mejor lo ha medido. En 2025, la revista Nature Communications publicó los datos de casi 15.000 personas que llevaban una pulsera de actividad día y noche durante un año: más de cuatro millones de noches registradas. No era un experimento con grupos; era la vida real, entrenamiento a entrenamiento.
Cuando el ejercicio terminaba cuatro horas o más antes de dormir, apenas se notaba en el sueño. Por debajo de ese margen, el efecto crecía con la intensidad. Una sesión al máximo que acababa dos horas antes de acostarse, comparada con una suave a la misma hora, retrasaba el sueño unos 36 minutos, lo acortaba unos 22 y dejaba durante la noche el corazón más acelerado y la variabilidad cardiaca un 14 % más baja. Esa variabilidad es una de las señales de que el cuerpo ha cambiado al modo descanso.
¿Por qué pasa? Porque un entrenamiento duro pone al cuerpo en modo alerta, y ese modo tiene inercia.
Lo primero es la temperatura. Para dormirte, tu cuerpo necesita bajar la temperatura central; es una de las señales con las que el cerebro entiende que toca apagar. Un esfuerzo intenso hace justo lo contrario: la sube.
Lo segundo son las hormonas del esfuerzo. El cortisol tiene una vida media en sangre de algo más de una hora; dicho fácil, cada hora y pico se va la mitad. Si terminas una sesión dura a las diez, a medianoche todavía queda una parte circulando. En 2024, un estudio francés puso a 16 deportistas a pedalear a las diez de la noche, una hora antes de acostarse: después del esfuerzo continuo tenían el cortisol más alto, y con los dos tipos de ejercicio durmieron con menos eficiencia que la noche que no entrenaron.
Y lo tercero es la melatonina, la hormona que le dice al cuerpo que es de noche. Empieza a subir, más o menos, dos horas antes de tu hora habitual de dormir, pero solo si hay poca luz. En un estudio con 116 jóvenes, la luz normal de una habitación antes de acostarse retrasó su subida y recortó su duración en torno a hora y media. Ahora piensa en un gimnasio a las diez de la noche, con todos los focos encendidos.
Es como apartar una olla del fuego: deja de hervir enseguida, pero tarda un buen rato en enfriarse. Por eso puedes salir de la clase sintiéndote en la gloria y que tu cuerpo siga, por dentro, bajando revoluciones. Lo que tú sientes y lo que mide la pulsera no siempre van a la par. Las dos cosas son verdad.
NO ES LA HORA, ES CÓMO LLEGAS A LA CAMA.
¿Cuánto tiempo antes de dormir conviene dejar de entrenar?
Depende de lo que hagas, así que vamos a ponerle nombre a la intensidad. Ligero es un paseo a buen ritmo, una clase de pilates, movilidad o yoga suave: puedes hablar sin problema mientras lo haces. Moderado es un rodaje cómodo, una sesión de fuerza con descansos o una clase dirigida tranquila. Alto o máximo es lo que te deja sin aire: series, HIIT, spinning a tope, un partido o una competición. Es nuestra traducción a la vida diaria, no una tabla oficial, pero te sirve para orientarte.
Si vas a hacer algo de lo último, intenta que termine con margen; según los datos de la pulsera, a partir de cuatro horas antes de dormir el efecto casi desaparece. Si tu día no te da ese margen y solo puedes moverte tarde, no lo dejes: cambia el tipo de sesión. Algo ligero, en casa o con luz tenue, una ducha tranquila y a la cama. Y guárdate lo intenso para el fin de semana o para el día que salgas antes.
Y luego estás tú. Hay quien después de entrenar duerme como un bebé y quien se queda dando vueltas. ¿Cuál eres tú? Pruébalo: una semana por la mañana, otra por la tarde, y apunta cómo duermes y cómo te levantas.
¿Quién duerme mejor gracias al ejercicio?
Ahora viene lo que más me gusta. A principios de año se publicó un análisis de 200 ensayos con más de 23.000 adultos. El ejercicio mejoraba la calidad del sueño tal y como la vive cada persona, pero no a todos por igual: los que partían durmiendo peor eran los que más ganaban. Los autores lo llamaron un beneficio «a demanda». Qigong, caminar y el entrenamiento por intervalos estaban entre lo que mejor funcionaba, sobre todo en programas de varios meses. Eso sí, no nos vengamos arriba con las recetas: los propios autores dan a esas estimaciones una certeza muy baja.
Fíjate en la paradoja. La persona que peor duerme es justo la que más miedo le tiene a moverse por la tarde, por si acaso. Y es justo la que más tiene que ganar si se mueve.
¿Cuántas veces has dejado el paseo o la clase «para no desvelarte»? Moverte por la noche, aunque no sea a la hora perfecta, sigue siendo mucho mejor que no moverte. El peor plan de todos es que la búsqueda del sueño perfecto te deje en el sofá.
¿Y si el cuerpo pidiera otra cosa por la noche?
Hay una idea que me ronda desde que leí estos trabajos. La medicina tradicional china describe el día como un vaivén entre el yang, la actividad, la expansión, y el yin, el recogimiento. La noche pertenece al yin. No dice «no te muevas»; dice algo más sutil: que la noche pide un movimiento distinto, más lento, que te recoja en lugar de dispararte.
¿No es curioso que se parezca tanto a lo que encuentran los sensores? La temperatura que tiene que bajar, el cortisol que tiene que irse, la melatonina que espera a la penumbra. Nadie ha demostrado que el yin y el yang existan como tal, claro. Pero quizá esa tradición estaba describiendo, con su propio lenguaje, algo que el cuerpo siente antes de que la ciencia lo mida. Te dejo la pregunta.
Volvamos a las nueve y media, a las zapatillas en la mano y a la vocecita. La próxima vez que te diga que si sales no vas a dormir, contéstale con otra pregunta: ¿qué voy a hacer y cómo me voy a dejar el cuerpo para la cama? Si la respuesta es un rato a buen ritmo, luz suave al volver y una ducha tranquila, sal. Puede que esa noche duermas mejor que en toda la semana.
Para quien quiera profundizar, dejamos las fuentes abajo.
Fuentes
- Souabni M, Del Sordo GC, Saurel M, Peyrel P, Giacomoni M, Souabni MJ, Davenne D, Gabriel BM, St-Onge MP, Saidi O (2026). Effects of morning versus evening exercise on sleep: a systematic review of comparative studies with a meta-analysis of randomized controlled trials. Sleep Medicine Reviews, 90. Ver fuente
- Liang Z, Zhao S, Tian S, Wang C, Zhang M, Xu K, Yin M, Ng S, Ning Z (2026). Determinants and interrelations of exercise effects on sleep quality: a multimethod meta-analysis. Sleep Medicine Reviews, 86. Ver fuente
- Leota J, Presby DM, Le F, et al. (2025). Dose-response relationship between evening exercise and sleep. Nature Communications. Ver fuente
- Perrier J, et al. (2024). Effects of acute bouts of evening resistance or endurance exercises on sleep EEG and salivary cortisol. Frontiers in Physiology. Ver fuente
- Gooley JJ, Chamberlain K, Smith KA, et al. (2011). Exposure to room light before bedtime suppresses melatonin onset and shortens melatonin duration in humans. Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, 96(3), E463–E472. Ver fuente
- Stutz J, Eiholzer R, Spengler CM (2019). Effects of evening exercise on sleep in healthy participants: a systematic review and meta-analysis. Sports Medicine, 49, 269–287. Ver fuente
- Hindmarsh PC, Honour JW (2020). Would cortisol measurements be a better gauge of hydrocortisone replacement therapy? International Journal of Endocrinology (vida media del cortisol). Ver fuente
Artículo elaborado con ayuda de IA y revisado por el equipo de CORE.